Un poco de historia

A fines del siglo XIX surgió un pequeño grupo de coleccionistas y estudiosos argentinos interesados en el arte de los pueblos asiáticos. Desde entonces, impulsados por las nuevas corrientes locales del Orientalismo y las relaciones diplomáticas establecidas por Argentina con Japón en 1898, este grupo comenzó a desarrollarse, apareciendo así importantes colecciones de piezas de arte asiáticas en el país.

A fines de la década de 1940, algunos de los referentes de este grupo de personas interesadas en las artes y las culturas tangibles e intangibles de los pueblos de Oriente decidió avanzar con su institucionalización, pretendiendo así impulsar su difusión en el país. En 1949 se estableció la Sociedad de Amigos del Arte Oriental (SADAO), entidad que organizó exposiciones y elaborar publicaciones al respecto de esta temática los siguientes años. Entre sus miembros se encontraban coleccionistas de arte, como Alberto Raúl y Josefina Beaux, y Ernesto y Desiree Herzfeld, y estudiosos, como Vicente Fatone y Raúl Ruy, artistas, como Maya Devi y Victoria Durán, y gestores culturales, como Osvaldo Svanascini y Carmen Valdés.

Durante la década de 1950, a medida que el gobierno argentino establecía relaciones diplomáticas con los recientemente independizados países asiáticos, surgieron otros actores que buscaron promocionar los vínculos culturales como manera de mejorar el entendimiento mutuo entre los países. Se constituyeron institutos de cultura binacionales, impulsados por diplomáticos en su carácter privado, coleccionistas y académicos. Así, en 1956 se reactivó el Instituto de Cultura Argentino-Japonés, y entre 1959 y 1960 se crearon los Institutos de Cultura Argentino-Filipino, Argentino-Indonesio, Argentino-Tailandés, y el Argentino-Hindú. Destacan en estos el rol asumido por el Emb. Jorge Blanco Villalta, además del Emb. Ricardo Mosquera Eastman, el erudito Rev Padre Ismael Quiles, académicos como Enrique De Gandia y José Luis Romero, además de Felipe y María Teresa de Cora Eliseht, Tnte. Carlos Villa Abrille, Luis María y María Zulma de Bunge Campos, entre otros.

Mientras se dieron estas dinámicas a nivel bilateral, en noviembre de 1957 la UNESCO lanzó el Programa Mayor para el Entendimiento Mutuo de las Culturas de Oriente y Occidente. El gobierno argentino adhirió al mismo, estableciendo en 1959 el Comité Oriente Occidente en la Comisión Nacional Argentina para la UNESCO (CONAPLU) del Ministerio de Educación y Cultura, a cargo de Svanascini.

De esta manera, habiendo madurado institucional la comunidad de interesados en las artes y las culturas Orientales, a principios de la década de 1960 surgió una nueva entidad. En 1961 se constituyó la Asociación Pro-Museo de Arte Oriental, presidida por el Emb. Mosquera Eastman, que gestionó ante el Ministerio de Educación y Cultura la creación de un espacio especializado dedicado al arte Oriental. Producto de este esfuerzo, el ministro Carlos Alconada Aramburú creo, por medio de la resolución N°991 del 14 de julio de 1965, el Museo Nacional de Arte Oriental (MNAO). Abrió sus puertas al público un año más tarde, el 5 de agosto de 1966, en el primer piso del Palacio Errázuriz-Alvear, donde también se encuentra el Museo Nacional de Arte Decorativo. Su primera directora fue María Teresa de Cora Eliseth, mientras que el presidente de su Asociación de Amitad fue Rafael C. A. de Oliveira Cézar.

No sólo la creación del Museo dependió de las gestiones de la comunidad de referentes del Orientalismo argentino, sino también su desarrollo inicial contó con el apoyo de los amigos y otros referentes de las artes y las culturas Orientales. La colección del Museo se constituyó gracias a las donaciones de varios coleccionistas privados y embajadas de países asiáticos. Con el tiempo fueron complementadas con adquisiciones. De esta manera, el Museo pudo agrupar una considerable cantidad de obras de arte procedentes de diversos países de Asia, incluso también Norte de África. Su colección de piezas es un patrimonio de los argentinos, como también un testimonio de los intercambios artísticos y culturales entre los países latinoamericanos y asiáticos.

En las siguientes décadas el Museo Nacional de Arte Oriental se consolidó como uno de los epicentros de la preservación, la investigación y la exhibición de las artes y las culturas tangibles e intangibles de los pueblos de Oriente en Argentina, incluso en la región, siendo una institución única en su tipo en América Latina. Se desarrollaron distintas exposiciones transitorias, además de organizar conferencias y talleres con especialistas, que mostraron al público visitante la diversidad de manifestaciones artísticas y culturales de los países asiáticos. En todo esto contó con la colaboración de la Asociación de Amistad.

Iniciado el siglo XXI, como consecuencia de la crisis económica que estalló en Argentina, el Museo se vio obligado a cerrar sus puertas al público, siendo a los pocos años intervenido. En paralelo, la asociación entró en un impasse. Fue a mediados de la década de 2010, en el contexto de los crecientes intercambios comerciales entre Argentina y varios países asiáticos, que el Museo volvió a tener una presencia pública realizando algunas muestras específicas.

También durante estos años a la comunidad tradicional de orientalistas se sumó un público más amplio interesado en conocer las artes y las culturas ahora contemporáneas de los países asiáticos, influidos por movimientos como el J-POP, K-POP, C-POP, Indo-POP, entre otros, que llegaron a la Argentina. Estos plantearon una nueva necesidad de conocer más profundamente sobre aquellos países.

Aunque la pandemia truncó transitoriamente esta incipiente reactivación, el 7 de diciembre de 2022 el Museo Nacional de Arte Oriental volvió a abrir sus puertas. Se trata de una nueva etapa, ya que el Museo ahora se encuentra en una nueva sede con un espacio completamente reacondicionado, ubicada en el segundo piso del Centro Cultural Borges. También reformulo su misión. Se plantea como un museo que se encuentra en permanente movimiento. Por un lado,  alienta el descubrimiento de las artes y las culturales Orientales por medio de las más de 4000 piezas clásicas que componen su colección, a la vez que, por otro lado, la puesta de exposiciones por artistas contemporáneos y actividades de difusión por académicos especializados. También estableció un diálogo activo con las comunidades migrantes de países asiáticos en Argentina, tales como Japón, China, Corea, India y del Sudeste Asiático. A través de las diversas actividades que lleva adelante, busca generar vivencias significativas para cada visitante, permitiéndole conectar con el vasto arco de experiencia humana en Oriente.

En este contexto, un nuevo grupo de orientalistas asumió el compromiso de acompañar al Museo. Así surgió la Red de Apoyo al Museo Nacional de Arte Oriental … la Red del Oriental.